Por Rafael Hortal
Poco queda por añadir sobre la vida y la muerte del mago Domingo Artés, mi amigo. Hace unos días, Domingo volvió a sorprendernos con una última función: una despedida enviada por WhatsApp que nos alcanzó justo después de su marcha, como si hubiera calculado el instante exacto para que la magia siguiera obrando en su ausencia.

Decía: “Queridos amigos: ha llegado el momento de despedirme. Solo quiero daros las gracias por haber formado parte de mi vida, por tantos momentos compartidos, por vuestro cariño y por haberme acompañado en este camino. Me voy en paz, llevándome conmigo todos esos recuerdos. No dejéis de sonreír y disfrutar de la magia de la vida. Gracias por todo. Que seáis muy felices y tengáis una vida mágica”.

Escucha aquí la entrevista en Onda Regional.
Poco queda por añadir tras el comunicado de la familia, las crónicas que han llenado los medios de comunicación, las redes sociales, la difusión de su extensa biografía… Él lo había previsto todo para el día de su partida, como quien prepara con esmero el último truco. Desde que el oncólogo le anunció la fecha límite —una sentencia que, por arte de magia, logró aplazar unos años más— comenzó a ordenar su despedida con la serenidad de quien conoce el valor del tiempo.
Hace tres años me dijo: “No difundas la noticia de mi enfermedad, porque no quiero que todo el mundo le pregunte todos los días a mi familia cómo estoy”. Era su manera de proteger a los suyos, incluso en la sombra.

Poco queda por añadir y, sin embargo, tanto por recordar en nuestra Región y en el mundo. Su magia seguirá propagándose, y su mensaje de bondad encontrará hogar en el próximo museo de la magia donde vivirán sus recuerdos: los trucos que nunca reveló, las miles de fotografías, las actuaciones grabadas, los reconocimientos de las asociaciones con las que colaboró, los galardones que fue reuniendo como quien colecciona destellos…
Poco queda por añadir, salvo el inmenso cariño de todos los magos, de sus amigos y de su entrañable familia, que lo acompañó hasta el último acto.

Paco Hernández y yo te decimos hasta pronto con el alboroque. Cuando nos volvamos a ver, no cesaremos de preguntarte por tus trucos. Es probable que allí nos los desveles.

Rafael Hortal es escritor
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