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Quique Portillo estrena su nueva Jamonería y Ostrería en Murcia: Un templo de mar y dehesa junto a la Catedral

El exmatador inaugura en la calle Barrionuevo un espacio de 110 metros cuadrados que aúna alta gastronomía, memoria visual murciana y diseño, consolidando su imperio gourmet tras ceder su local de la Trapería


 

Bajo las sombras que proyecta la imponente torre de la Catedral de Murcia, y con el bullicio de la Plaza de Hernández Amores —conocida popularmente como Plaza de la Cruz— como telón de fondo, la calle Barrionuevo, que va de la Plaza Cetina hasta la Plaza de la Cruz, ha estrenado un nuevo epicentro de gravedad gastronómica.

Lo que hasta hace pocos meses fue el bajo de una clásica parafarmacia, ha sido sometido a una profunda reestructuración arquitectónica y conceptual para dar vida a Jamonería E. Portillo y Ostrería Quiquín.

LasGastrocronicas.com ha visitado el establecimiento para realizar esta amplia galería fotográfica:

Abierto al público la pasada semana, este nuevo establecimiento no es solo la tercera joya de la corona hostelera del exmatador Enrique Portillo; es la materialización de un concepto simbiótico. A diferencia de sus locales de la calle San Pedro, donde la jamonería y la ostrería operan como universos paralelos, este espacio de 110 metros cuadrados fusiona el mar y la dehesa bajo un mismo techo, creando un diálogo sinérgico entre dos de las grandes pasiones de la alta gastronomía española.

La escenografía del sabor: Diseño y dualidad

El diseño del interiorismo, que no pasaría desapercibido para los ojos exigentes del mundo del diseño y la creación contemporánea, juega con la calidez y la vanguardia. El suelo de madera actúa como el lienzo neutro que vertebra el espacio, dividiéndolo en dos zonas perfectamente diferenciadas pero conectadas.







Por un lado, la zona de jamonería y tienda, donde la tradición se respira en cada esquina. Destaca la barra orientada hacia los ventanales de la calle Barrionuevo, equipada con taburetes negros de diseño industrial y nada menos que siete barriles de la prestigiosa bodega Juan Gil, prometiendo la mejor cerveza de Murcia (servida, como es seña de la casa, a -2 grados con vasos enfriados con hielo de escamas).

Por otro, la ostrería, presidida por una espectacular barra metálica en forma de ele que abraza el espacio, acompañada de dos mesas altas y la joya de la corona: una vitrina exhibidora donde reposan, sobre lechos de hielo, las protagonistas del mar, las ostras.

Un Viaje Sensorial: Del Mar del Norte a la Dehesa Murciana

La oferta gastronómica es un ejercicio de curaduría de producto. La ostrería ha arrancado con unas 16 variedades de ostras que circunnavegan el globo: francesas, españolas (gallegas y andaluzas), irlandesas y portuguesas.

En breve, el mapa se expandirá con la incorporación de cotizadas ostras japonesas y escocesas. Los precios, democráticos para el nivel de excelencia, oscilan entre los 3,50 euros de las gallegas y los 5,50 euros de las variedades extranjeras.

En el terreno de la dehesa, la jamonería ofrece servicio de tienda con jamones 100% de bellota de la marca Juan Pedro Domeq y de su marca propia, Martín Matas. Como un guiño a la teatralidad y el servicio de protocolo en eventos, el establecimiento ofrece un servicio de corte de jamón en vivo mediante un stand móvil, ideal para ferias y celebraciones.

La barra es un homenaje a las conservas gourmet y los aperitivos de autor. Cuentan con más de diez variedades de gildas —el aperitivo vasco puesto al día—, que van desde la clásica de anchoa hasta creaciones tan audaces como la de anchoa con huevo de codorniz o pimiento relleno de queso Camembert. A esto se suma una selección de latas gourmet, salazones, caviar, pulpo al horno, mejillones al vapor, embutido exclusivo de toro de lidia y la tradicional sobrasada de Chato Murciano.

Memoria Cultural y Arte en las Paredes

Si hay un aspecto que eleva a este local por encima de la hostelería convencional es su integración artística. Lejos de la decoración genérica, Portillo ha concebido el espacio como una galería de la memoria cultural murciana y taurina, haciendo accesible la historia a través de la fotografía contemporánea de autor.

Las paredes y barras están tapizadas con grandes reproducciones fotográficas en blanco y negro que evocan un profundo sentido de pertenencia. En la barra de la ostrería, una gran imagen de La Manga y Cabo de Palos conecta al comensal con el Mediterráneo. Sin embargo, es en el techo y las paredes donde reside el mayor impacto emocional: una espectacular imagen cenital del fotógrafo Pedro Soler captura el paso de La Cena de Francisco Salzillo durante la mañana del Viernes Santo. La fotografía, de un valor documental y artístico incalculable, permite al comensal observar, desde una perspectiva inédita, la preparación de los alimentos de la última cena, fusionando el arte sacro murciano con el acto gastronómico.

A esta obra maestra se suma una imagen del fotógrafo Juanchi López que congela el momento en que Morante de La Puebla torea en la Plaza de Toros de Murcia. La zona de la tienda, además de decenas de jamones, luce un vibrante póster en color del Cristo del Refugio y fotografías de toros y cerdos en la Dehesa. El proyecto decorativo, en constante evolución intergeneracional, pronto incorporará una gran fotografía del propio Quique Portillo en una de sus faenas, una imagen de la Patrulla Águila surcando los cielos y una postal de la Catedral de Murcia, cerrando así el círculo de la identidad local.

Un Equipo de Excelencia y Reestructuración del Imperio

Para liderar este ambicioso proyecto, Portillo no ha escatimado en talento local y especializado. El local está atendido por el experto chef asesor gastronómico Anthony Rojas, figura clave en la filosofía de Ostras Quiquín, y por Mary Medina, quienes garantizan que el servicio en sala esté a la altura del producto.

Esta apertura marca también un movimiento estratégico en el tablero empresarial del ex torero. Para centrar sus energías en este nuevo macro-concepto de la calle Barrionuevo, Portillo ha dejado su establecimiento de la calle Trapería en las capaces manos de Rui Gerardo Ramos Lozano, asegurando así la continuidad de su marca en la milla de oro del comercio murciano.

Con Jamonéría E. Portillo y Ostrería Quiquín, Murcia no solo gana un nuevo local donde degustar la mejor ostra y el mejor jamón; gana un espacio de socialización, un escaparate de fotografía artística y un templo donde la cultura, el diseño y la gastronomía se dan la mano en el corazón de la ciudad. Como bien dice la filosofía de la casa: aquí, el sabor también es espectáculo.

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