El histórico bar de la calle Polo de Medina, gestionado por la cuarta generación de la familia Bastida, representa a la Región en los primeros ‘Premios T de Bares’ de Tapas Magazine, reafirmando su estatus como patrimonio vivo de la gastronomía tradicional española
La noche del 25 de mayo, Madrid se convirtió en el epicentro de la hostelería nacional. En el exclusivo entorno de Forbes House, Tapas Magazine hizo historia al celebrar la primera edición de los ‘Premios T de Bares’, un galardón sin precedentes que reunió bajo un mismo techo a los 18 establecimientos más emblemáticos de cada comunidad autónoma. Entre ellos, brillando con la luz propia de quien lleva cien años siendo refugio de generaciones, estaba Bar Los Zagales, reconocido como el mejor representante de Murcia en la categoría de Bares Tradicionales.
El premio, materializado en una distintiva placa roja conmemorativa, no solo celebra la excelencia culinaria de este rincón situado a los pies de la Catedral, sino que rinde homenaje a su función social. Como señaló Julia de Castro, maestra de ceremonias, durante la gala: «Un bar no es solo un negocio; es la extensión del salón de nuestra casa, nuestra oficina improvisada y ese confesionario de confianza donde siempre nos sentimos parte de algo». Una definición que Los Zagales ha encarnado desde 1926.

De «La Sucursal» a leyenda popular
La historia del galardonado es la crónica de una identidad construida desde abajo. Fundado originalmente como La Sucursal de la Cosechera por José Bernal Segado, el local adoptó su nombre actual de forma espontánea. Cuando el fundador delegaba la atención en sus dos hijos adolescentes, Ramón y Asensio, los clientes del cercano mercado comenzaron a llamarlo cariñosamente «el bar de los zagales». Casi un siglo después, ese apelativo huertano es sinónimo de resistencia cultural y autenticidad.
Hoy, las riendas del negocio están en manos de Carmen y Victoria Bastida, bisnietas del fundador y cuarta generación al frente. Con formaciones académicas alejadas inicialmente de la hostelería (Ciencias Ambientales y Filología Inglesa), ambas decidieron asumir el legado familiar manteniendo intactos los pilares originales: producto de calidad, trato cercano y, crucialmente, precios accesibles.

La gastronomía murciana como bandera
La distinción otorgada por Tapas Magazine valida una carta que es un mapa sensorial de la Región de Murcia. En Los Zagales, la alta cocina cede el paso a la sabiduría del producto bien tratado. Las gabardinas (bacaladilla rebozada), las empanadillas caseras de atún, tomate y huevo, los michirones humeantes, el zarangollo y los icónicos zagalicos (pequeños bocadillos a un euro) siguen siendo los protagonistas.

Este compromiso con la tradición no ha pasado desapercibido para la crítica especializada. En 2024, la Guía Repsol ya había reconocido al establecimiento con un ‘Solete’, distinción reservada a locales que destacan por su esencia auténtica y personalidad propia. Ahora, la placa roja de los ‘Premios T’ sitúa a Los Zagales en el mapa nacional junto a otros templos de la barra como Casa Montaña en Sevilla o Can Biel Felip en Mallorca.

Un faro contra la especulación
En una época marcada por la inflación y la transformación urbana, Los Zagales mantiene una política de precios que desafía las tendencias del mercado: cañas y chatos a precios populares y menús completos por menos de quince euros. Esta accesibilidad, unida a una decoración que conserva la estética de las tabernas de antaño —con barricas colgantes, vitrinas de tapas y paredes adornadas con fotografías históricas del Real Murcia—, lo convierte en un espacio democrático donde confluyen universitarios, familias y veteranos del barrio.

Andrés Rodríguez, director de Tapas Magazine, subrayó durante la gala que con estos premios se saldaba «una deuda pendiente» con los pilares fundamentales de la sociedad española. «Aunque puede que no estén todos, los que están, son», afirmó ante una audiencia que incluyó rostros conocidos del arte y la cultura.

Para Carmen y Victoria Bastida, el premio es una validación externa de lo que ya viven a diario: «La fiesta la celebramos todos los días con nuestros clientes», aseguran. Mientras el mundo exterior corre, en el número 4 de la calle Polo de Medina el tiempo parece haberse detenido, preservando el aroma a fritura fresca, el sabor del vino de la tierra servido en vaso de chato y, sobre todo, la certeza de que, como dijo Pol Rodríguez al recoger el premio honorífico al desaparecido Can Lluís, «estos bares dan identidad y cultura, y deberían protegerse».
Con esta placa roja, Murcia no solo premia a un bar; protege un pedazo de su memoria colectiva.
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