De alumna de la XXXI Promoción Tastavins a directora en la primavera de 2026, su recorrido entre obradores parisinos, cocinas con estrella Michelin, comunicación gastronómica y gestión hostelera marca una renovación que honra el legado fundado en 1983 sin perder de vista el futuro.
No fue un camino lineal, sino un viaje trazado con curiosidad, maletas llenas de aprendizaje y una misma brújula: entender el vino y la gastronomía como puentes entre personas, territorios y épocas. Ana González Barranco llegó a Aula Vinícola como estudiante y, apenas unos meses después de graduarse en la XXXI Promoción del Máster Tastavins, asume, a sus 24 años, la dirección del centro con la misma humildad con la que recorrió pastelerías en París, brigadas de servicio en restauración Michelin, agencias de comunicación y departamentos de gestión. Hoy, frente a la nueva sede de la Plaza Beatriu Civera y con la inscripción abierta para la XXXII edición, González Barranco conversa sobre cómo actualizar la forma sin traicionar el contenido, por qué la cata es solo el punto final de una educación que empieza en el viñedo, y cómo el sentiment de cor, la escucha activa y el rigor comunicativo se convierten en las herramientas pedagógicas más necesarias para formar a profesionales y a consumidores que, más que beber, quieren comprender, dialogar y compartir mesa.

-Has desarrollado experiencias profesionales en París, Ibiza, Madrid, Pontevedra y Valencia. ¿Cómo ha influido esta visión internacional y multidisciplinar en tu forma de entender la educación vitivinícola y qué valor aportará a Aula Vinícola?
-Cuando me formé y viví en estas ciudades no sabía que acabaría dirigiendo un proyecto como Aula Vinícola. Las experiencias las viví desde la máxima curiosidad, entrega y humildad; no concibo actuar de otra forma.
El hecho de que mis experiencias profesionales hayan sido en ciudades diferentes y en sectores distintos —siempre, vinculados a la gastronomía (restauración, comunicación, administración, divulgación)— me ha enseñado la importancia de cuidar a las personas con las que trabajo; ser fiel a mis valores; aprender continuamente y, por supuesto, saber adaptarme al lugar y a las personas que forman parte de él. Así es como afronto mi labor como directora de Aula Vinícola.
Como centro de formación, soy consciente de que tenemos un papel social. Mi forma de entender la educación pasa por valorar al alumno como alguien a quien transmitir el conocimiento, en este caso, el de Aula Vinícola, su material pedagógico y la riqueza de sus maestros. Educar es sinónimo de compartir y la formación es una vivencia continua que puede disfrutarse en el día a día.
La educación vitivinícola, en concreto, la concibo como lo que es: una educación transversal donde técnica, cultura, territorio y emoción conviven. Lo que puedo aportar es una mirada amplia, integradora y contemporánea que colabore en la continuación de Aula Vinícola.

-Eres la nueva Directora de un proyecto fundado en 1983. ¿Cómo equilibras el respeto por la tradición y el legado de Aula Vinícola con las nuevas formas de aprender, comunicar y conectar que traen las generaciones más jóvenes?
-La trayectoria de Aula Vinícola es sólida y su legado está vivo gracias a las personas —alumnos y profesores— y entidades colaboradoras que la han apoyado durante más de cuarenta años, desde que se fundó en 1983. En este sentido, mantener el equilibrio con las nuevas formas de comunicar es más sencillo de lo que parece.
La cercanía, la honestidad y el carácter crítico que caracterizan a Aula Vinícola no tienen que desaparecer y desde la dirección no vamos a tomar ninguna decisión que nos lleve a ello. Actualizarse no consiste en romper con lo que está hecho, sino saber cómo propiciar que continúe. Las nuevas generaciones también demandamos cercanía, honestidad y carácter crítico. Mi labor es contar que en Aula Vinícola existen estos valores y facilitar la entrada a los jóvenes, adultos y mayores que comparten esta filosofía y un constante afán de saber.
La trayectoria de Aula Vinícola va a seguir hacia adelante porque sus pasos son firmes. Mi trabajo —como el de cualquier director— es dar la confianza de que la sociedad puede confiar en nuestro centro, nuestra formación y las actividades que celebramos.
Como bien indicas en la pregunta, lo que existe hoy en día son nuevas formas de comunicarnos. Inevitablemente, somos hijos de nuestro tiempo y la comunicación y las relaciones sociales han cambiado, pero todos sabemos diferenciar la forma, del contenido del mensaje; para que la trayectoria de Aula Vinícola perdure vamos a cuidar el mensaje sin miedo a actualizar la forma. Gracias al apoyo del magnífico Consejo de Administración, el anterior director de Aula Vinícola Joan C. Martín, nuestro presidente y los alumnos y profesores; mantener el equilibrio que comentas es una actividad que ejerzo con gusto.
Como he mencionado, mi forma de actuar es desde la escucha; y el equilibrio se da cuando hay diálogo y empatía por ambas partes. Para que las nuevas generaciones elijamos con criterio lo que queremos mantener y lo que es necesario cambiar, es fundamental la colaboración intergeneracional e interprofesional.
-Más de 347 alumnos han pasado por esta formación. ¿Qué hace que un curso de cata se convierta en una «escuela de vida» y en una comunidad tan fiel, más allá del conocimiento técnico del vino?
-Como indica su nombre, el máster Tastavins es un Curs de Coneixement Vitivinícola que aborda la cultura del vino desde la vid hasta la copa. La cata es una parte esencial, pero casi, es el punto final. Nuestro trabajo comienza en el campo, con el cultivo y el cuidado de la vid; continúa en la bodega, de la mano del enólogo y los procesos de elaboración del vino; y se extiende a la comercialización, la distribución y su evolución, hasta llegar al momento de la cata y degustación.

Los alumnos Tastavins somos parte de una gran comunidad de personas que se ha construido desde el respeto y la cercanía —yo también he cursado el máster y he sido alumna Tastavins—. Desde la I Promoción en 1989, hasta la XXXI Promoción Tastavins graduada este año 2026, la comunidad de Aula Vinícola es amplia. Pero, su valor no es la cantidad, si no la calidad humana y profesional de las personas que forman parte de ella; pronto comenzamos la XXXII Edición Tastavins y la inscripción está abierta.
Como solemos decir, el curso Tastavins crea un sentiment de cor: un verdadero sentimiento de pertenencia a un grupo viva, abierto y generoso, que no limita, sino que impulsa a cada persona a seguir explorando su propio camino. Tastavins invita a compartir mesa, tiempo y pensamiento en un espacio seguro para dialogar, argumentar y aprender desde la pregunta constante y la conversación.
Todos los alumnos llegan con una motivación común: la curiosidad y la pasión por el territorio, la vid y el vino. Como centro de formación experimentando y de larga trayectoria, sabemos dar respuesta a esa motivación combinando valor intelectual con el valor humano a través de un material pedagógico rico, el plan de estudios integral —dividido en cuatro ciclos: cultura enológica, prácticas de viticultura, ciclo técnico de elaboración, y humanidades—, y las relaciones sociales afables que se dan entre los alumnos, los profesores con notables virtudes humanas, los premiats de Aula Vinícola y las entidades colaboradoras.

Al fin y al cabo, la tarea de crear una escuela consiste en saber transmitir y compartir conocimiento en su sentido amplio —conocimiento técnico, y vital—. Nuestra responsabilidad es brindar a cada persona de las herramientas necesarias para que se desarrolle como profesional y como persona.
-La XXX Promoción acaba de clausurarse en Murcia, región que Joan C. Martín describe como «la mayor zona de Monastrell del mundo». ¿Qué papel juegan los territorios y sus denominaciones de origen en la filosofía educativa de Aula Vinícola?
-Aula Vinícola está a favor de la existencia de la estructura de las Denominaciones de Origen porque somos firmes creyentes de la filosofía del origen. Esta filosofía es una creación genuina, europea y además, civilizatoria; capaz de proteger la identidad, el origen y la calidad así como garantizar al consumidor la felicidad del consumo.
El territorio es el punto de partida y el vino resulta de la vid cultivada, la acción de la naturaleza y el trabajo del ser humano. Los terruños son suelo, clima, topografía, gente e historia. Sin el territorio y sin una estructura honesta y bien organizada que lo proteja, el vino pierde su razón de ser.

-Aula Vinícola estrena espacio en la Plaza Beatriu Civera con biblioteca, sala de cata y conferencias. ¿Cómo contribuye este nuevo entorno físico a la experiencia de aprendizaje y a la creación de comunidad entre alumnos y profesores?
-El espacio influye en cómo aprendemos. La nueva sede permite mantener otro de los pilares de Aula Vinícola: el valor del encuentro y la reunión. Buscamos el diálogo, la conversación y la relación entre alumnos, profesores, entidades colaboradoras, premiats y personas apasionadas que les inquiete lo que hacemos.

El espacio se enriquece conforme más personas lo utilizan. Está a disposición plena para todas las personas de Aula Vinícola y cuenta con el mayor archivo cartográfico de territorio vitivinícola privado de España, una completa biblioteca de libros sobre vino y viña, y una sala para reunirnos.
La sede está pensada para fortalecer la comunidad y el sentiment de cor. Pero, sobre todo, está pensada para ser un espacio físico y tangible de rigor y confianza, que transmite y fomenta el pensamiento en torno al vino, la gastronomía y la cultura.

-Estás cursando un máster en Periodismo y Comunicación Gastronómica y tienes publicaciones en medios como Guía Hedonista. ¿Por qué es importante saber contar historias sobre vino y gastronomía, y cómo integras esta visión comunicativa en la dirección de Aula Vinícola?
-El máster en Periodismo y Comunicación Gastronómica TheFoodieStudies enseña a aplicar las técnicas narrativas a la gastronomía y al periodismo gastronómico. Los profesionales que participan en esta plataforma de formación y divulgación enriquecen el sector del periodismo, la comunicación y la gastronomía en su pleno significado. Es importante saber contar historias, pero primero hay que encontrar esas historias y mirarlas desde una perspectiva crítica, sincera y argumentada. Esto he podido ejercitarlo gracias a TheFoodieStudies.
El periodismo no crea historias. La literatura, sí. Yo disfruto de ambas, pero me obligo a saber diferenciarlas. Entiendo que esa es una parte de la responsabilidad que tenemos las personas que nos dedicamos a escribir y divulgar.

A la hora de comunicar, sea de forma escrita o verbal, me obligo a recordar continuamente que al otro lado hay un receptor. Si el objetivo es que el mensaje llegue y se transmita, es imprescindible cuidar el canal que se utiliza, el lenguaje y la forma. Ponernos en el lugar de la otra persona es esencial en la vida en general y en la comunicación en particular.
En este sentido, el estilo comunicativo de Aula Vinícola pasa por saber quién va a recibir el mensaje y transmitírselo de forma rigurosa y razonada. Buscamos la interacción mediante el diálogo, el debate y la generación de preguntas que propicien la reflexión —recurrimos a la mayéutica, también llamada método socrático, en la cual una persona guía a otra mediante preguntas para que reflexione y saque sus propias conclusiones—.
Aula Vinícola se aleja de todo comportamiento arrogante y soberbio, comunicamos desde el respeto y el aprecio.

-El Máster Tastavins está abierto tanto a profesionales como a «consumidores apasionados». ¿Qué buscan hoy las personas que se acercan a la cultura del vino y cómo adaptáis la formación para satisfacer esas motivaciones diversas?
-Tanto el profesional del sector vinícola como las personas que vienen de otros sectores —ingenieros, historiadores, profesores, restauradores, gerentes…—han encontrado en el máster Tastavins una oportunidad para satisfacer su curiosidad.
Siempre han convivido perfiles profesionales y humanos muy distintos. Esa es parte de la riqueza de Aula; su valor cultural y relacional. Hay profesionales que buscan especialización y la encuentra, pero también hay personas que llegan por pura pasión. Nuestra responsabilidad es dar respuesta a ambas y gracias a la calidad profesional y humana de los profesores y entidades colaboradoras, la adaptación a los diferentes perfiles que vienen a Aula Vinícola es posible.
Los próximos años retomaremos nuevos cursos de especialización principalmente vinculados al sector de la restauración. Aunque nunca serán tan completos como el máster Tastavins, buque insignia de nuestra formación.

-Además de las clases teóricas, el programa incluye prácticas en viñedo, bodega y catas de 190 vinos. ¿Qué metodologías pedagógicas consideras más efectivas para transmitir el conocimiento sensorial y emocional del vino?
-Sin duda, la experiencia práctica y la escucha. No son metodologías nuevas, pero son más necesarias que nunca. Acercarse al terreno y a las bodegas; conocer a viticultores, enólogos y bodegueros; saber escuchar y prestar atención a lo que ocurre a nuestro alrededor; y mostrar interés por profundizar sin quedarse en lo superfluo, es esencial para cultivar el conocimiento en torno al vino y su cultura.
En ocasiones, se pasa al debate y a la discusión sin haberse detenido antes a comprender lo que ha expuesto la otra persona, el company o el profesor. Parece que hoy en día se busca desarrollar un pensamiento crítico sin conocer previamente los criterios ya existentes. Cuando esto sucede, en lugar de construir, se pierde cultura y perspectiva.
En Aula Vinícola educamos en cultura enológica y vitivinícola. El ciclo de Humanidades del curso Tastavins es tan necesario en la formación del alumno como el ciclo Técnico y el Práctico, pues motiva a la persona a desarrollar su capacidad sensorial y de pensamiento, para así formar un criterio propio sin caer en una actitud vanidosa.

-En un ámbito tradicionalmente masculino como el enológico, ¿qué retos y oportunidades ves para las mujeres que lideran proyectos educativos o culturales vinculados al vino en España?
-Las mujeres valemos por nuestros méritos y es en ellos donde centro mi atención. Si tuviese que decir un reto que tenemos por delante, sería que podamos llegar a liderar y ejercer cargos de responsabilidad sin tener que hablar de si somos mujeres o no. Entiendo el proceso de hablar de ello y lo respeto, me parece importante visibilizar el camino porque la historia muestra que, como todo cambio social, requiere tiempo, atención y colaboración, pero creo que es importante no perder de vista el objetivo final.
Otro reto importante, en mi opinión, es lograr el equilibrio entre la familia y el trabajo; entre la maternidad y la carrera profesional. A mi parecer, superar este dilema es una tarea que nos corresponde a todos como sociedad, pues no somos seres aislados. Considero que se ha convertido en una dicotomía de la que somos conscientes, y hay que trabajar para superarla.

Respecto a las oportunidades que veo para las mujeres, diría que es necesario seguir construyendo un sector profesional justo, como siempre debió ser. Esto implica —disculpa que insista en ello— que podamos crecer según méritos. Resumiría mi actitud en el agradecimiento y el reconocimiento de lo que se ha logrado, el cuidado del presente y la colaboración para que las mujeres podamos crecer profesional y personalmente.
-Gestionas activamente tu perfil @anethi___ y Aula Vinícola está en Instagram. ¿Cómo utilizas las redes para acercar la cultura vitivinícola a nuevos públicos sin perder profundidad ni rigor?
-Las redes sociales son un campo amplio. El ámbito virtual puede llegar a ser tan variopinto como la vida real. Siempre será menos rico y verdadero, pero también es muy diverso.
En nuestro perfil @aulavinicola.tastavins damos continuidad a la comunidad que creamos en la vida real. Antes o después, nos encontramos en persona, nos conocemos y compartimos mesa. Esa es la riqueza de las redes sociales, mantenernos en contactos e informados para propiciar que acabemos conociéndonos en persona.
Hay que destacar la capacidad de las nuevas tecnologías para alargar la relación en el tiempo y la facilidad de compartir y divulgar. En Aula Vinícola, las redes sociales nunca sustituirán el trato humano, este siempre será el centro de nuestra actividad. Simplemente, nos ayudan a que los encuentros y los reencuentros, se den.

-Con la inscripción abierta para la XXXII Promoción Tastavins Valencia 2026… ¿Qué novedades o líneas estratégicas tienes previstas para consolidar y expandir el proyecto en los próximos años?
-En la nueva promoción Tastavins incorporamos las tutorías. Este modelo de vínculo entre el alumno y la dirección es propio del ámbito académico, lo viví en su momento como alumna y he podido revivirlo, también como alumna, en el máster TheFoodieStudies. Aula Vinícola siempre ha mantenido un contacto cercano y constante con los alumnos, este modelo únicamente formaliza ese contacto y lo concreta en un número de horas en las que el alumno y la dirección revisan la trayectoria de la persona, para que pueda seguir aprovechando las oportunidades del curso.
También ofrecemos un mayor seguimiento a los Tastavins que deseen desarrollar ensayos propios; los temas son de libre elección, siempre vinculados al sector vitivinícola. Tanto profesores como alumnos con curiosidad e interés, tienen a su disposición el mayor archivo cartográfico privado de territorio vitivinícola de España, ubicado en la nueva sede; así como con una extensa y completa biblioteca de libros sobre el vino, la viña y las ciencias sociales, además de nuestra colaboración y de todos los recursos de Aula Vinícola.

El objetivo actual del máster Tastavins es lograr una mayor visibilidad cuidando su identidad e independencia. En esta XXXII Promoción Tastavins 2026 incorporamos nuevas asignaturas y profesores que enriquecen, aún más si cabe, el plan de estudios consolidado durante años de trayectoria. Nuestra responsabilidad es seguir ofreciendo al alumno la calidad formativa que merece y necesita.

-Si tuvieras que definir en una frase qué significa para ti «educar en torno a la viña, el vino, la gastronomía y la cultura», ¿cuál sería y por qué?
-Enseñar a mirar lo cotidiano con atención y aprender a disfrutar con sentido, conocimiento y curiosidad, siempre en compañía. En mi opinión esta es la mejor forma de disfrutar del vino, la gastronomía y la cultura en su sentido más amplio.
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