En su decimosexta cita en Villaviciosa, el certamen distinguió a la Sidrería Río Astur como campeona absoluta, mientras Casa Menéndez revalidaba por cuarta vez el lauro a la excelencia más allá del Principado
La herencia culinaria del norte español acaba de trazar una línea inquebrantable que conecta Gijón con la costa murciana. Durante la decimosexta edición de La Mejor Fabada del Mundo, desarrollada en Villaviciosa gracias a la alianza entre la agencia Gustatio y el consistorio local, dos establecimientos se alzaron con los galardones más codiciados: la sidrería gijonesa Río Astur se hizo con el título mundial, y el murciano Casa Menéndez, asentado en Águilas, reafirmó su condición de referencia insoslayable para este plato cuando cruza las fronteras asturianas.

El cetro absoluto recayó en Río Astur, que superó a veintidós rivales en una final donde la precisión técnica y la memoria del paladar marcaron la diferencia. El podio lo completaron, en segundo y tercer puesto, El Rincón de Adi (Oviedo) y La Sauceda (Buelles), este último recuperando un lugar de honor tras su victoria en 2019. La distinción no respondió a la improvisación: un panel de profesionales de la alta cocina, entre los que figuraron Esther Manzano, Pedro Morán, Isaac Loya, José Antonio Campoviejo, Luis Alberto Martínez y Gregorio García, sometió cada cazuela a un análisis minucioso. En la balanza pesaron la textura del caldo, la nobleza de la legumbre, la armonía del compango (chorizo, morcilla y tocino) y la cuidada presentación final.
Paralelamente, el reconocimiento a la elaboración más destacada fuera del Principado volvió a cruzar la península para instalarse en el litoral levantino. Casa Menéndez, dirigido por el matrimonio asturiano Teresa Lastra Candela y Bautista Menéndez Menéndez, acumuló su cuarto trofeo en esta categoría, sumándose a los obtenidos en 2017, 2018 y 2022 (año en el que también se llevaron el premio al mejor compango).

El éxito del local no es efímero, sino el resultado de una narrativa familiar sostenida en el tiempo: Teresa ha preservado, fogón a fogón, los saberes transmitidos por su abuela y su madre, trasladándolos en 2007 a Águilas tras quedar prendados de su clima y su calidez humana.

Lejos de reducir su oferta al plato estrella, la carta del establecimiento funciona como un atlas de la tradición regional. Guisos de cuchara como el pote de berzas o el desarme conviven con pescados tratados a la manera del norte —pixín, calamares en tinta estilo Candás o merluza a la sidra— y carnes contundentes que encuentran su remate en postres de repostería casera, como el arroz con leche o la tarta de sidra. Este galardón, que también premia su trayectoria y su rigor productivo, supone un espaldarazo para la oferta gastronómica de la Región de Murcia y demuestra que la identidad culinaria puede echar raíces profundas incluso lejos de su tierra de origen.

La selección de los veintitrés finalistas —veinte asturianos y tres procedentes de Granada, Madrid y la propia Águilas— estuvo precedida por un proceso de preclasificación llevado a cabo por un comité de expertos que visitó los locales de manera discreta antes de la gran cita. Más allá de la competencia, el certamen se consolida como un termómetro de la vitalidad de la cocina tradicional, donde la cocción pausada, el respeto por los productos de proximidad y la transmisión intergeneracional siguen dictando las reglas. Así, mientras Gijón celebra la coronación mundial, Águilas confirma que la fabada, ese emblema del norte, ya tiene su hogar permanente en el sur.
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